Sergio Nieto es la tercera generación y el alma de Casa Martín 1920, uno de los negocios abiertos más antiguos de Grazalema
30-03-26
Salva Moreno.– Se llegue a Grazalema por una u otra carretera, la estampa de casas blancas encajadas en la montaña que sorprende al visitante explica por sí sola por qué es uno de los pueblos más bonitos de España. Busquen el adjetivo que quieran. Seguramente se queden cortos. El patrimonio natural y cultural de esta localidad serrana atrae al viajero una y otra vez. Pero hay otro patrimonio aún más importante: el humano. La ciudadanía grazalemeña rezuma humildad, cercanía, amabilidad y simpatía. Una vez más, lo comprobamos en Casa Martín 1920, donde Sergio Nieto Menacho, tercera generación del negocio, presume con orgullo de su tierra, sus productos y su gente.
No ha sido un inicio de año fácil para Grazalema, el municipio donde más llueve en España. Pero las incesantes borrascas que descargaron centenares de litros de agua de manera continua durante semanas, fue algo que ni los más viejos del lugar recuerdan. Obligados al desalojo por el riesgo de colapso, pueblos como Zahara de la Sierra o Ronda (Málaga), no dudaron en acoger a los grazalemeños y grazalemeñas y asistirles en el exilio temporal. Un gesto solidario que fue reconocido por la Diputación de Cádiz con la Medalla de la Provincia.

Sergio, con la nevera de sus abuelos. Foto: Salva Moreno
Ya están todos de vuelta. No hay riesgos de derrumbe, pero hay carreteras cortadas por los destrozos de los temporales. Las muestras de solidaridad y de apoyo llegaron de todo el país, y la economía local necesita ayuda ahora más que nunca.
Sergio recuerda ahora todo lo sucedido con tranquilidad, detrás de la barra de su taberna, donde desde hace casi 7 años se dan cita sus paisanos. Alguno incluso era ya cliente de Casa Martín antes de que el actual propietario le añadiera el 1920, en recuerdo de su primera fecha de inauguración y en honor a su bisabuelo, Pedro Organvidez. Allí volvió este antiguo ingeniero técnico agrícola, infeliz en esa profesión, para crear «un espacio que me llena y nunca encontré en la calle. Volví al origen, a donde nació mi madre, para buscar mi felicidad y hacer de mi afición, los vinos de Jerez, mi oficio».

Los productos de Grazalema, fundamentales en su carta. Foto: Salva Moreno
No ha pasado tanto tiempo desde que llegara con su mujer, María Roldán, al negocio familiar, «pero hemos sufrido una pandemia, hemos tenido un hijo, he superado una enfermedad y nos han desalojado del pueblo. Ahora tiene que llegar lo positivo, ¿no?», dice Sergio.
Positivos
Aunque no sería justo tildar todos estos años de negativos. Las dificultades se han superado, y Casa Martín 1920 sigue siendo un referente en la hostelería de Grazalema, el segundo negocio más antiguo abierto tras el Casino, en la misma Plaza de España donde se encuentra la taberna moderna de Sergio, en la que los vinos generosos, los productos de la sierra, el flamenco, y el trato cercano marcan la experiencia.
Al entrar en Casa Martín 1920 conviene dejar las prisas fuera. Mejor aún, déjenlas antes de llegar a Grazalema. Allí se respira autenticidad, recuerdos de épocas pasadas en cuadros, fotos, recortes de periódicos, cartas antiguas de vinos… Sólo hay sitio para el disfrute. Con suerte, hasta puede que Sergio se anime y venencie un vino de su propia bota.

El atún, en uno de los platos de Cerámicas La Jara. Foto: Salva Moreno
Tengo la fortuna de haber perdido la cuenta de las veces que he visitado la casa de Sergio. Puede que el vino tenga algo que ver, pero me malicio que el olvido se debe a que ya son muchas las ocasiones que he cruzado el umbral de su puerta. La primera fue aún con las restricciones de la pandemia, en junio de 2020.
Entonces me contó que Pedro Organvidez lo inauguró como cafetería en 1920, el mismo año en el que nacieron Isabel Organvidez y Martín Menacho, futuro matrimonio. En 1956 dejaron atrás la cafetería y abrieron el Bar de Martín. Sergio Nieto Menacho reabrió Casa Martín 1920 años después, en el mismo lugar en el que sus abuelos y su bisabuelo gestaron sus negocios.

El queso gouda. Foto: Salva Moreno
Sergio ha conferido un toque personal. A la hora de hacer las fotos dice: «hazme una al lado de la nevera de mi abuelo, que le tengo mucho cariño». Porque en Casa Martín abundan los recuerdos, sólo es cuestión de curiosear y encontrar el teléfono antiguo y otros aparatos casi desconocidos para los más jóvenes.
También hay vinos, buenos vinos, y muy buena comida. Sin cocina, eso sí. Ni falta que hace. Todo servido en los platos de Cerámicas La Jara, piezas elaboradas por su esposa, que tomó el relevo de su madre, Montserrat Hidalgo.

Más opciones para comer en Casa Martín 1920. Foto: Salva Moreno
La carta de Casa Martín 1920 se basa en productos fríos como los quesos artesanales de La Pastora de Grazalema, con leche de cabra payoya, y otros internacionales como un maravilloso gouda. Los ibéricos son otras de las apuestas fuertes, «y no vayas a decir de donde es la morcilla», bromea Sergio. Productos de la huerta, como los tomates rosas, se mezclan con conservas barbateñas de Herpac o las gallegas de La Brújula. El atún de Petaca Chico, en sashimi o en tartar.

El vino es una de las señas de identidad del bar. Foto: Salva Moreno
Los martinitos son molletes pequeños de Grazalema, con distintos rellenos: carne mechada o queso semi curado y aceite de oliva virgen extra; atún ahumado de Barbate; morcilla de Grazalema, o sardinas anchoadas.
Y aunque no hay cocina, sí hay platos calientes, con cazuelas calientes de barro, pisto ecológico, huevo de campo y queso de cabra payoya, alcachofas con papas o carrillada ibérica, entre otras. La carta completa, pueden consultarla en este enlace.
Grazalema nos necesita. Ahora más que nunca. Hoy hablamos de Casa Martin 1920, otras veces hemos estado en Los Alamillos, en La Cocina del Gaidovar, o en La Merina. Y escribiremos de muchos más, porque otro de los tesoros que esconde este pueblo es una amplia variedad hostelera de calidad. Así que no hay excusas. Yo no tengo dudas. Volveré pronto.

