A bordo del catamarán Pura Vida, Gorrión Wine Bar propone catas y fiestas durante junio con el incomparable marco de La Caleta

Salva Moreno. – En una ciudad rodeada de mar como es Cádiz, pocas actividades se realizan dentro del agua para disfrutar, entre otras cosas, de las maravillosas vistas que ofrece desde el mar. Y si es con una copita de vino en las manos, mejor, ¿no? Eso pensaron Jonatan Cantero, de Gorrión Wine Bar; Javier Ramírez, gerente de Albarco.com, propietario del catamarán Pura Vida, y Benjamín Colsa, que se pusieron manos a la obra para organizar unas catas a bordo de la embarcación. Tras un primer intento abortado a causa del fuerte viento, el 11 de junio se pudo estrenar el ciclo.

Jonatan Cantero, de Gorrión Wine Bar, durante la cata. Foto: Salva Moreno

Jonatan Cantero, de Gorrión Wine Bar, durante la cata. Foto: Salva Moreno

Antes de que el Pura Vida zarpara, Jonatan Cantero explicaba el interés de las tres partes en «ofrecer un ocio alternativo en Cádiz, que siempre hay gente quejándose de que hay muy poco. Pues dar estas catas en la estupenda Bahía de Cádiz, frente a La Caleta, viendo caer el sol, creemos que es algo que puede gustar».

Las catas de Gorrión Wine Bar y Pura Vida

A tenor del interés generado en esta primera cata, parece que sí que gustará. En el Pura Vida hay capacidad para 150 personas, si bien eran durante la cata se limita a 60 por comodidad, siendo  35 las que participaron en la actividad. Este catamarán es el más ancho de su clase en España, con dos metros más de lo habitual, llegando hasta los 11 de manga por 24 de eslora. El objetivo, nos contaba Javier Ramírez, «conseguir que se hiciera todo en una altura, y no en dos, como suele pasar en otras embarcaciones similares».

La iglesia del Carmen y el Baluarte de la Candelaria, desde el catamarán. Foto: Salva Moreno

La iglesia del Carmen y el Baluarte de la Candelaria, desde el catamarán. Foto: Salva Moreno

Las catas van a celebrarse durante los martes de junio. Durante los meses de julio y agosto, el catamarán Pura Vida alternará su presencia en Cádiz con Sancti Petri, en Chiclana, por lo que quien lo desee podrá usar sus servicios en los dos lugares. Esta primera cata fue a ciegas y, como las dos próximas, tenía un precio de 60€ por persona. La última del mes, el 27 de junio, será un concurso por parejas que costará 45€ por persona. El ganador obtendrá tres botellas de vino de la Bodega Tesalia (Arcos), así como una visita a sus instalaciones. «El que quede último, va al agua por la borda», bromeaba Jonatan.

Jonatan, sirviendo la copa de bienvenida. Foto: Salva Moreno

Jonatan, sirviendo la copa de bienvenida. Foto: Salva Moreno

Además, los domingos también habrá cosas que hacer en Pura Vida. «Será una fiesta, que hemos denominado como ‘Gorriones del Caribe’. Esta será con una música más ambientada, y queremos traer también algún grupo de música. Costará 50€, y durará dos horas, aproximadamente».

A las 20:30, con gran puntualidad, zarpó el Pura Vida en la cata inaugural. Tocaba salir del puerto, tras un enorme crucero que pronto se perdió de vista una vez que llegó al mar. Nuestra embarcación viró a babor, la izquierda de tierra firme, para poner rumbo a La Caleta. Tras pasar la Punta de San Felipe, la imagen de la Iglesia del Carmen y el Baluarte de Candelaria se hacían cada vez más grande, sobre todo cuando el Pura Vira se acercó a la costa dejar atrás una zona rocosa.

Otro momento de la cata en Pura Vida. Foto: Salva Moreno

Otro momento de la cata en Pura Vida. Foto: Salva Moreno

Navegando contra el viento, poco a poco fue apareciendo la silueta del Castillo de San Sebastián, hacia donde nos acercamos para poner proa a La Caleta y comenzar con la cata, mientras a nuestra espalda el sol se iba despidiendo.

Comienza la cata

Ahora sí, tras la copa de bienvenida, un Terrer de la Creu Brut Nature, comenzaba la cata a ciegas de cuatro vinos. Jonatan fue el encargado de dirigirla, como sumiller que es, y pidió la participación de los asistentes para poder ir localizando qué tipo de uva era y su posible procedencia. Para acompañar, unas tablas con queso, gildas, carne mechá y pastrami.

Las vistas de La Caleta durante la cata. Foto: Salva Moreno

Las vistas de La Caleta durante la cata. Foto: Salva Moreno

Con el primero de los vinos, no lo puso fácil. Se fue el de Gorrión Wine Bar hasta las Islas Baleares, concretamente a Mallorca, para presentar el Cambuig, con las uvas Callet, Escursac, y Mantonegro, con la particularidad añadida de estar embotellado en botellas de un litro.

En segundo lugar, otro que hizo dudar mucho a los asistentes, creyendo incluso varios que estaban probando un vino de una zona mucho más cercana. Pero no. Se trataba de uno de Toledo, Los Conejos Malditos, que tome el nombre por el daño que esos animales causaban habitualmente a las viñas.

Los vinos de la primera cata de Gorrión y Pura Vida. Foto: Salva Moreno

Los vinos de la primera cata de Gorrión y Pura Vida. Foto: Salva Moreno

De Castilla León, concretamente de Valladolid, llegó el tercero de los vinos de esta cata a ciegas. Con uvas Tempranillo, Garnacha y Malvasía aromática, el Rodríguez & Sanzo, un clarete vinificado en conjunto, que macera en un depósito durante cuatro días para pasar posteriormente 18 meses en barricas.

Por último, el toque local. Desde el Pura Vida, de camino ya de vuelta, se divisaban las luces de El Puerto de Santa María, ciudad del Puerto Fino de Pavón con el que se daba por finalizada esta primera cata del ciclo organizada por Gorrión Wine Bar, Pura Vida y el gastrónomo Benjamín Colsa, promotor, entre otros eventos, del Día del Bollo de Arcos o el Día del Lomo en Manteca de Vejer, además de socio en La Taberna del Lomo en Manteca.