El joven chipionero dirige La Casa Vieja, un céntrico local sin cocina y una carta basada en tapas y tostas
23-08-26
Salva Moreno.- Las localidades costeras de la provincia de Cádiz multiplican su población en los meses veraniegos. Una en las que sufre ese aumento es Chipiona, tan arraigada históricamente al turismo sevillano. Las calles del entorno de su famoso faro son un ir y venir continuo de personas camino de la playa o buscando un hueco en sus locales de hostelería. Pero una de ellas parece más tranquila. Es peatonal y lleva por nombre Agustina de Aragón. Al igual que la heroína aragonesa, el joven Víctor Mellado se ha hecho fuerte en esa plaza e insufla aires nuevos a La Casa Vieja, el bar de tapas creado por su padre hace 10 años y que ahora es de su propiedad.
Víctor apenas tiene 21 años, pero conoce de cerca el negocio hostelero. Su padre, José Manuel, fue el impulsor de Villa Blanca, un bar de copas que atrajo a visitantes de toda la geografía española. Más de uno suelta una sonrisita pícara cuando le recuerdan el nombre que el chipionero convirtió en icono de la movida local.

La calle Agustina de Aragón. Foto: Salva Moreno
Tras cerrarlo, abrió más negocios similares e incluso pudo permitirse un descanso prolongado. Hace una década, vio el local de la calle Agustina de Aragón, y a pesar de contar tan solo con 35 metros cuadrados, lo compró para iniciar el camino de La Casa Vieja.
Los inicios de La Casa Vieja
El nombre no es peyorativo. Simplemente era una casa vieja, y así bautizó a su negocio. Allí comenzó a trabajar Víctor, tarea que compaginaba con los estudios. «Esto era arena y piedra», recuerda ahora sentado en una de las mesas del bar. «Yo crecí aquí, me gusta la hostelería y hablar mucho, tratar con el cliente, hacer recomendaciones y ver que la gente se vaya contenta».
A los 16, Víctor decidió volar del nido familiar y terminó en el conocido Chinini en la playa de las Tres Piedras. Conoció a Natalia, una coctelera que despertó en el joven chipionero (él se siente medio sanluqueño por la parte materna) el interés por los cócteles. Por edad, aún no podía acudir a un curso al que le había echado el ojo en Madrid. Pero eso era cuestión de tiempo, y allá que se fue a formarse como coctelero a la capital del Reino.

La ensalada de brócoli. Foto: Salva Moreno
Cuando regresó al sur lo hizo convencido de montar un bar de cócteles en Chipiona, pero se le adelantaron y se quedó sin el local que quería. Se fue a Sevilla, pero apenas un mes más tarde a su padre le detectaron una grave enfermedad de la que ya está recuperado, pero que dio un giro de timón a la trayectoria deseada por Víctor.
«Hablando de mi padre, ahí está». José Manuel se incorpora a la conversación. «Estoy muy orgulloso de mi hijo, porque adquirir este local con 20 años y toda la responsabilidad que conlleva, es para estarlo». Porque ahora el negocio y el local pertenecen al completo a Víctor.

Tosta de crema de dátiles y curry. Foto: Salva Moreno
«Yo lo he actualizado, le he dado algo de color a la calle con las macetas y las lámparas. Creo que hemos dado alegría a Agustina de Aragón, y eso es algo que invita a los clientes a sentarse y disfrutar de la comida. Al no tener cocina, todo lo preparamos al momento, son tapas y tostas con variedad para todos los gustos y edades».
La carta es amplia. Sorprendentemente, el plato que más venden es una ensalada de brócoli. El tartar de atún, el salmón al estilo asiático o el salmorejo de aguacate son otros de los que más gustan a los comensales para disfrutar en la terraza de La Casa Vieja, ya que no ofrecen servicio en el interior.

La tosta de pulpo con alioli. Foto: Salva Moreno
«Entre las tostas, la que gusta más es la de pulpo con alioli, pero también hay de crema de dátiles al curry con pollo asado, de gambas al ajillo con base de queso o de chicharrón de Cádiz asado al jerez. Muchas de ellas se pueden elaborar sin gluten», añade Víctor.
En las tapas, flautas de salmón con espinacas, de pollo asado o tex-mex; solomillo de atún, mojama de atún, mini hamburguesa de retinto, alcachofas gratinadas o lasaña casera, entre otras. Los precios son muy asequibles, y ninguno de los platos llega a los 10€.

Frontarl de La Casa Vieja. Foto: Salva Moreno
Merece la pena dar la oportunidad a Víctor y su joven equipo de La Casa Vieja. Una calle tranquila, al lado del bullicio pero aislada, para disfrutar de tapas y tostas en un lugar sin más pretensiones que las de hacer disfrutar a sus clientes para hacerles volver.

La carta de La Casa Vieja, en Chipiona. Foto: Salva Moreno

