La Venta Pericón nació en 1967 en Conil, y ahora está gestionada por la tercera generación: los hermanos Antonio y Pedro Moreno

08-07-25

IMG 20201021 WA0128Salva Moreno.- Las desgracias, en ocasiones, marcan el inicio de una historia de vida. Una riada en Conil a mediados de la década de los 60 del siglo pasado, dejó sin vivienda a Pedro Moreno y su familia. El Ayuntamiento los realojó en un terreno en pleno campo. Y allí, en una choza, Pedro y su mujer, Melchora Reyes, comenzaron a servir montaditos de filete, vino, y los guisos que ella elaboraba. No se les daba mal, y poco a poco fueron asentando un negocio que ha cambiado mucho desde su creación. Menos los propietarios, ya en la tercera generación, y el nombre: Venta Pericón.

Si en 1967 estaba en las afueras de Conil, ahora está en la bulliciosa calle Rosa de los Vientos, muy cercana al centro del municipio jandeño. Quienes llevan el peso del negocio son los hermanos Moreno, Pedro y Antonio, tras la jubilación de su padre. En 2020, aprovechando el cierre por la pandemia, decidieron renovar las instalaciones ayudados por el estudio Velvet Projects.

Pero la esencia sigue siendo la misma que cuando nació: «En la Venta siempre hubo mucho arte. El nombre le viene de Pericón de Cádiz, a quien mi abuelo admiraba. Aquí se han montado historias muy grandes, porque mi padre toca la guitarra y canta que da gloria, y hemos tenido a Rancapino, Antonio Reyes, Diego del Morao…», recuerda Pedro, que es el encargado de sala. «Mantuvimos lo de Venta porque esa es su esencia y queremos que siga siéndola».

Una de las salas de Venta Pericón. Foto: Cedida

Una de las salas de Venta Pericón. Foto: Cedida

Los dos hermanos se criaron allí. Su familia vivía alrededor de la Venta, así que siempre andaban cerca, sin perder detalle en el que, con los años, sería su negocio. «Esto siempre ha sido un negocio muy familiar, muy llano, con un ambiente muy bueno en el que la gente ha venido a pasarlo bien y a comer caracoles en temporada y las tapas. Todavía hay quien me recuerda que venía a jugar aquí a los futbolines y a comer montaditos a un euro», dice Antonio, jefe de cocina.

Tanto uno como otros son personas inquietas. Pedro, ingeniero industrial de formación, es un mochilero de vocación, y recorrer buena parte del mundo le ha aportado unas tablas que demuestra cada día con la clientela de la Venta Pericón. La inquietud de Antonio se refleja en su cocina, porque si bien mantiene platos tradicionales, no para de innovar y buscar nuevos platos en una sala que tiene especialmente preparada para experimentar.

Tortillas de camarones. Foto: Salva Moreno

Tortillas de camarones. Foto: Salva Moreno

Fueron conscientes, además, de que el negocio tenía que evolucionar con los tiempos: «primero fue una labor interna, de gestión, organización y mil historias. Luego ampliamos cocina, que nos limitaba mucho, y finalmente hicimos la obra para que la Venta Pericón sea lo que puede verse hoy». Por cierto, con un hostal de 10 habitaciones en la planta superior.

Como la mayoría de cambios, el inicio no fue fácil, porque los clientes seguían buscando la venta tradicional. Pero eso duró poco tiempo. Cuando fueron comprobando que sí, que Antonio había creado algunos platos más modernos, pero que los de siempre se mantenían, fueron volviendo a sus rutinas. Y aceptando con agrado las nuevas propuestas de la carta.

El tartar de atún. Foto: Salva Moreno

El tartar de atún. Foto: Salva Moreno

El atún encebollado de toda la vida, la carne al toro, la carne al PX, el montadito de filete y los platos de pescado son irrenunciables para los hermanos Moreno. A partir de ahí, la imaginación de Antonio (premiada en concursos locales, como en la Ruta del Atún en la que este periodista tuvo la suerte de ser jurado), comenzó a ganarse a los clientes. Las sugerencias diarias pasan la criba de los comensales, y si gustan, se ganan el sitio en la carta.

Cocina con alma en Venta Pericón

«Mi hermano cocina con alma», dice Pedro con orgullo. «Son cosas que pueden parecer sencillas, pero no lo son. Es un artista». Otro más en la familia. Añade Antonio que «estuve un par de años en El Alabardero, y he viajado y probado mucho. De ahí saco muchas ideas para mis platos, como la focaccia. Lleva el chicharrón de Cádiz y una espuma de ricota, con un huevo de codorniz y un poquito de togarachi».

«Pero es que Antonio hace también unas croquetas de puchero de escándalo. No te las comes igual en ningún lado. Las abres y están jugosas, tiernas, de locos…». «Ahí he tenido la ayuda de Andrés, que lleva con mi padre muchos años. Yo pensé en algo para mejorarlas, y viendo lo bien que queda la hierbabuena en el puchero, le hice una mayonesa de hierbabuena», añade el cocinero de la Venta Pericón.

Focaccia de chicharrones con espuma de ricota y huevo de codorniz. Foto: Salva Moreno

Focaccia de chicharrones con espuma de ricota y huevo de codorniz. Foto: Salva Moreno

La tradición marinera de Conil también se refleja en la amplia carta de la Venta Pericón. El atún, en muy diversas elaboraciones, es uno de los protagonistas, pero destacan igualmente el pez espada, el pescado frito o las tortillitas de camarones, más allá de los pescados que entren de la lonja cada día. Los carnívoros también tienen donde elegir.

«Aquí puedes gastarte desde 20 euros a 100, porque hay mucha variedad, pero con calidad. Todo lo hacemos nosotros. Si quieres tapear, tapeas, pero si prefieres raciones y platos más contundentes, también los tienes. Puedes venir una semana entera y no repetir». Todo ello con un personal comprometido con el negocio, de diversas nacionalidades y de los que los hermanos Moreno se siente realmente orgullosos.

La carta completa, pueden consultarla en este enlace (clic aquí).

En Venta Pericón no hacen reservas, atienden por orden de llegada.