Eulalia Robles y Pablo Mariñas, madre e hijo, abrieron Gastrológico en enero de 2020 con talleres dedicados a diversos tipos de comida
04-02-26
Salva Moreno.- «Prefiero morir de pasión que de aburrimiento», sentencia esta frase atribuida a Vincent van Gogh. Gracias a su aversión al tedio, hoy podemos disfrutar de las pinturas del genio neerlandés, referente del postimpresionismo de finales del siglo XIX. Pero quedémonos con la pasión. Pablo Mariñas y su madre, Eulalia Robles, tienen ingentes cantidades de este sentimiento hacia la cocina. Y los dos adoran transmitir sus conocimientos a personas interesadas por la gastronomía. Pasión por la enseñanza y pasión por la cocina. Esos son los ingredientes principales de Gastrológico, su laboratorio de sabores en Cádiz.
Entre madres e hijos siempre existe una diferencia de edad significativa. A pesar de ello, Pablo y Eulalia fueron compañeros de clase en la Escuela de Hostelería Fernando Quiñones de la capital gaditana. «Yo había hecho muchas cosas en la vida, pero cuando Pablo me comentó que se iba a matricular en la Escuela de Hostelería, no lo dudé y me fui con él». Pero Gastrológico tardó aún en llegar.

Pablo y Eulalia, explicando el desarrollo de la actividad. Foto: Salva Moreno
Pablo marchó para forjarse profesionalmente junto a Dani García en La Moraga. También pasó por el Grupo Tragaluz y en hoteles de lujo de Mallorca, o el Don Pepe de Marbella, habitualmente en los momentos más complicados, como son las aperturas o reaperturas. Comenzó a dirigir equipos y a ser consciente de que eso de transmitir ideas, conocimiento, no se le daba mal.
Mientras, Eulalia compartía esa sabiduría gastronómica en cursos destinados a mujeres en riesgo de exclusión social en Puerto Real, «para darles una oportunidad de ingresar en el mercado laboral. Luego hice un máster en gestión y dirección de hoteles. Y dentro de las 1.500 cosas que he hecho, también me dio tiempo a hacer un doctorado. Al poco de terminarlo, me enteré que era el primero que se hacía sobre gastronomía, así que parte de ese trabajo lo reflejé en un libro: ‘Recetas Vino de Jerez (XIX-XX). El jerez en la modernidad’».

El espacio de Gastrológico para los talleres. Foto: Salva Moreno
Madre e hijo volvían a unirse, ahora en un proyecto profesional. Gastrológico nació en enero de 2020, a escasas semanas de la triste y trágica hecatombe que todos recordamos. Ubicado en la calle Parlamento, esquina con Sociedad (muy cerca de la Avenida, altura de San Felipe Neri), fue el lugar elegido para difundir su pasión y conocimientos gastronómicos a base de talleres de cocina con grupos reducidos.

Pablo ayuda a uno de los asistentes al taller. Foto: Salva Moreno
¿Por qué este formato y no un restaurante? «Porque queríamos controlar la calidad desde el principio hasta el final: hacemos las compras, elegimos el producto, damos los talleres, y controlamos también el gasto en personal. Teníamos que ser autosuficientes, sobre todo al principio. Pero el negocio ha crecido, y estamos pensando en ampliar cocina y contratar a un profesional que comparta nuestra filosofía y sepa contagiar la misma pasión a los clientes. Que disfrute tanto como nosotros», explica Pablo.

Un momento del taller de ceviches y tartar. Foto: Salva Moreno
Pasión y diversión. De eso se trata. A Gastrológico puede acudir el cocinero aficionado con nociones avanzadas o el que no sabe preparar un huevo frito. «Eso es lo de menos. Tanto uno como otro se lo van a pasar bien. Esa es la intención, compartir mesa y tabla, aprender un poco y comerse lo que hayan elaborado, por supuesto», aclara Eulalia.
La experiencia en Gastrológico
Eso había que comprobarlo. Así que en El Gusto es Suyo nos fuimos hasta Gastrológico, y tras lavarnos las manos y ataviarnos con el preceptivo delantal, nos unimos al resto del grupo que había elegido el taller de tartar y ceviches, dos especialidades de las que somos amantes declarados.

El ceviche de langostino. Foto: Salva Moreno
Reunidos alrededor de la cocina, Pablo explicó la dinámica del taller. Primero, la mise en place con los ingredientes necesarios para elaborar los ceviches, uno de langostinos y otro de dorada, el tartar de salmón y el steak tartar.
De allí a la mesa central, donde asignó tareas a cada uno de los asistentes: picar perejil y cebolleta, raspar la piel de las naranjas, cortar calabaza, alcaparras… nada extraordinario, pero necesario para que el resultado final sí lo fuese. Luego llegó el momento de los productos protagonistas: langostinos, doradas, solomillo de ternera y el salmón.

Ceviche de dorada. Foto: Salva Moreno
A pesar de que había que mantener la concentración en las tareas individuales, el buen ambiente entre los miembros del grupo fue acrecentándose según corrían los minutos. Crecía la confianza e incluso algunos descubrían un pasado común, miradas que al principio dicen ‘tu cara me suena’ para concluir hablando de lugares y amigos compartidos en años ya lejanos. Risas, y eso siempre es buena señal.
Llega el momento de la degustación y, «oye, no nos ha salido nada mal, ¿verdad? Sí que está bueno». Y tanto. Misión cumplida para Pablo y Eulalia: «Nuestro trabajo es contagiar nuestra pasión para que el cliente disfrute, y lo hemos conseguido».

Tartar de salmón. Foto: Salva Moreno
«Además, transmitimos cultura gastronómica, porque la cocina es cultura, es reflejo de las materias primas de un territorio, de sus costumbres, incluso su religión en muchas ocasiones. En las casas es algo que se está perdiendo, por eso organizamos un campus de verano para niños y sean conscientes de todo lo que pueden hacer en la cocina, que una verdura puede parecerles sosa, mustia, pero si le das cariño, se convierte en un bocado exquisito».

El steak tartar. Foto: Salva Moreno
Con esa intención organizarán talleres de cocina dedicados a la cocina gaditana tradicional. Sushi, arroces o comida hindú son otros de las experiencias que proponen en Gastrológico. Para consultar los talleres y hacer sus reservas, pueden consultar su página web (clic aquí). Nosotros ya estamos buscando para repetir…

