El restaurante El Claustro lleva abierto desde 2016 en pleno centro de Vejer, con El Mirador como zona de cóctel, desde donde se disfruta de unas extraordinarias vistas de la ciudad

21-08-2024

Salva Moreno. – Vejer de la Frontera. Mediados de agosto. Las calles del centro histórico de la bella localidad gaditana son un ir y venir de turistas con la vista puesta en cualquiera de sus maravillosos rincones. En muchos de ellos, es fácil encontrar a influencers digitales, o aspirantes a serlo, posando con la mirada perdida, probablemente a causa del síndrome de Stendhal, teniendo como escenario de fondo una famosa puerta azul (¿o es verde caribe?) o el Arco de las Monjas, una de las calles más fotografiadas en la provincia de Cádiz. Parece imposible, pero entre tanto revuelo hay un lugar, muy cerca de ese Arco, en el que el bullicio desaparece al momento. Su nombre ya lo anuncia. Se trata del restaurante El Claustro, en la calle Ramón y Cajal.

Borja Herrera, a la izquierda, y Carlos Herrero, responsables de la cocina de El Claustro. Foto: Salva Moreno

Borja Herrera, a la izquierda, y Carlos Herrero, responsables de la cocina de El Claustro. Foto: Salva Moreno

Por si fuera poco, el local dispone de una zona de cóctel y copas, denominada El Mirador, desde donde se puede disfrutar de unos bellos atardeceres, con el sol cayendo tras el skyline de las casas blancas vejeriegas.

Una de las mesas de El Claustro. Foto: Salva Moreno

Una de las mesas de El Claustro. Foto: Salva Moreno

Borja Herrera Castrillón es el propietario del restaurante. En El Mirador, tiene como socio a Antonio (Toni) Barral, con quien también comparte gestión en La Bien Pagá, un bar de copas ubicado en la calle Marqués de Tamarón, junto al Arco de la Segur, otro de esos rincones vejeriegos tan fotografiados.

Un poco de historia

La finca en la que está El Claustro es el jardín de la casa familiar de Borja. «Está adosado a la Iglesia de las Monjas Concepcionistas, del siglo XVI, y el nombre del restaurante viene porque esto era precisamente eso, el claustro del convento. Tenía sus arcadas y todo, pero entre el terremoto hubo en Vejer en el siglo XVII y la posterior desamortización de Mendizábal, se abandonó, hasta que a finales del XIX se construyó la casa», dice Borja.

Hace ya casi dos décadas, Borja y su hermano Lorenzo abrieron un bar de copas en ese espacio que funcionó durante varios veranos. Pero ambos partieron a estudiar, eligiendo Borja la carrera de Turismo en Sevilla. «Me fui a Inglaterra y después a Alemania, y allí es donde empezar a tomar contacto con los restaurantes, fregando platos en un mejicano. Estuve año y medio, ya ejerciendo en la partida de frío, y me fui a un hotel de Meliá en Lanzarote, en el que también estuve muy bien», recuerda.

Entrada a El Claustro, en Vejer. Foto: Salva Moreno

Entrada a El Claustro, en Vejer. Foto: Salva Moreno

Pero a Borja le entraron ganas de volver a Vejer. El Claustro, durante los años que él estuvo fuera, había estado arrendado. Cuando venció el contrato, Borja regresó y abrió el restaurante actual. Corría el año 2016. Desde entonces, han abierto por temporada, desde Semana Santa hasta mediados de septiembre, con una clientela que, principalmente, se basa en los turistas que visitan Vejer. Eso sí; El Claustro también ofrece celebraciones como bodas, prebodas, cumpleaños o jubilaciones, y es que el espacio del que dispone prácticamente lo pide.

El patio de El Claustro, en la calle Ramón y Cajal de Vejer. Foto: Salva Moreno

El patio de El Claustro, en la calle Ramón y Cajal de Vejer. Foto: Salva Moreno

El Claustro tiene un espacio techado, cubierto también por hojas de parra, pero el jardín es el que se lleva la mayor parte de la superficie. Alrededor de 75 comensales por turno, disfrutan de las cenas en este lugar repleto de vegetación, con plantas y árboles frutales como el peral, el naranjo, un granado e incluso un olivo, entre otros. «Hay también plantas aromáticas, que por la noche dan un ambiente magnífico».

El kimuchi de vieiras con su tequila. Foto: Salva Moreno

El kimuchi de vieiras con su tequila. Foto: Salva Moreno

Con estos mimbres, pega hacer una buena cesta, ¿verdad? Para ello, este año ha contado con la ayuda en la cocina de Carlos Herrero, el cocinero jerezano que, tras concluir su etapa en Cuchara de Palo, acudió a la llamada de Borja, que es pariente suyo, ya que sus madres son primas. Borja, además, también hace sus funciones en la cocina, principalmente en la parrilla, donde tiene controlado los puntos, tanto de la carne como del pescado. «Aquí no se puede parar. Yo estoy donde haga falta, y este año me ha tocado en la parrilla, que en realidad es lo que me gusta».

Para la carta, Carlos no tuvo demasiado problema en adaptarse, ya que la cocinera a la que ha sustituido es su cuñada, a la que aconsejó cuando decidieron los platos que se ofertarían en El Claustro. Eso sí, de Cuchara de Palo se ha traído su emblemático kimuchi de vieiras y tequila.

Anchoas 00 del Cantábrico trufadas. Foto: Salva Moreno

Anchoas 00 del Cantábrico trufadas. Foto: Salva Moreno

Dice Borja que los dos pilares de esa carta son dos: «El atún rojo de almadraba y la carne certificada de retinto, que voy a comprar personalmente a Cárnicas Alcázar. En general, el producto es todo de mercado, y es que soy yo mismo el que va de un sitio a otro todas las mañanas. Intento que sea de cercanía. La verdura, de La Oliva o Libreros, aunque también tiro de Ildefonso, en Conil, sobre todo en temporada alta, porque no me da tiempo a llegar a todo. Con el pescado que hay cada día en los mercados, hacemos la mayoría de sugerencias y fueras de carta».

La carta de El Claustro

Una carta en la que este año se ha apostado por aumentar los platos de atún, «porque Carlos tiene muy buena mano con el pescado. Y el retinto certificado también tiene su lugar, como decía antes. Mi familia ha sido ganadera de siempre, y tenemos además otras carnes que nos envían de Madrid o Galicia, entre otras procedencias».

Costillas de atún. Foto: Salva Moreno

Costillas de atún. Foto: Salva Moreno

Entre las opciones de atún en crudo, tataki y tartar, ambos de descargamento. Además, costillas, lomo y ventresca a la brasa, otoro, chuletas de parpatana, burger de atún y el atún encebollado. Por parte del retinto, carrillada glaseada al oloroso, albóndigas a la hierbabuena, chuletón y lomo bajo de vaca vieja y el clásico steak tartar.

La carrillada de El Claustro, de carne retinta. Foto: Salva Moreno

La carrillada de El Claustro, de carne retinta. Foto: Salva Moreno

Pero ya advertía Borja que la carta de El Claustro (clic aquí para ver completa) es amplia. Entrantes como ensaladilla de gambas y langostinos al palo cortado, las croquetas de la casa, las anchoas 00 del Cantábrico trufadas, los espárragos riojanos con piriñaca o el ceviche de corvina, son las opciones para la bienvenida, que pueden complementarse con diversas tablas y tostas y platos calientes como la pata de cordero lechal o los alistados al ajillo.

El Claustro tiene también El Mirador, un espacio donde se contemplan bellas vistas de Vejer. Foto: Salva Moreno

El Claustro tiene también El Mirador, un espacio donde se contemplan bellas vistas de Vejer. Foto: Salva Moreno

En el apartado de los vinos, la encargada es María José González Melero, que cumple ya seis años en El Claustro. Formada en enología, apuestan por una carta cercana a las 50 referencias. «Tenemos referencias de muchas DO», dice Borja. «Y le damos mucha presencia a los vinos de Cádiz. De generosos, solemos tener dos opciones de cada uno».

El Mirador

Cuando se le pregunta a Borja qué destacaría de su restaurante, tiene clara la respuesta: «A mi me encanta la posibilidad que tienen nuestros clientes de ver una puesta de sol en El Mirador, tomándose un cóctel o un refresco antes de subir a cenar. Y luego, si quiere, puede volver a bajar para cerrar la noche».

Uno de los cócteles de El Mirador, con las vistas de Vejer al fondo. Foto: Salva Moreno

Uno de los cócteles de El Mirador, con las vistas de Vejer al fondo. Foto: Salva Moreno

«Toni, mi socio, lleva el tema de la coctelería, que aprendió trabajando en Inglaterra. La oferta que tenemos en El Mirador es de calidad, con cócteles más veraniegos, como los mojitos, pero también con clásicos como el Negroni o el Margarita». Las vistas que se tienen desde allí, hacen crecer aún más esa sensación de estar alejados del ir y venir de la gente por las calles de Vejer. La tranquilidad es total, y sí. También es un lugar que los instagramers no dejan atrás. Motivos, sin duda, tienen para ello.