Sarah Rincón Escorza y Mario Alberto de la Rosa inauguraron Alboronía, su restaurante en Algodonales, el 30 de mayo de 2024
25-12-26
Salva Moreno.- La Romería Virgencita de la Sierra, en el mes de mayo, es uno de los momentos más esperados del año en Algodonales. Sarah Rincón Escorza, de la localidad serrana, y Mario Alberto de la Rosa, de República Dominicana, difícilmente olvidarán la de 2024. El 30 de mayo inauguraron su restaurante en la Avenida de la Constitución, al lado de la iglesia de Santa Ana. Aunque para llegar allí pasaron antes muchas cosas…
No es un error. Sarah se escribe con ‘h’. ¿El motivo? Nació en Stuttgart, capital del estado de Baden-Württemberg, en el suroeste de Alemania, donde tienen sus sedes centrales gigantes automovilísticos como Mercedes-Benz y Porsche. A tierras alemanas llegaron sus padres desde Algodonales, y decidieron adaptar su nombre a la escritura del país que les acogió. Cuando Sarah tenía tres años, regresaron a Algodonales.
Pero eso de viajar le tuvo que gustar a la futura cocinera. El único vínculo que tuvo hasta entonces con la gastronomía fue su madre, que había trabajado en el sector durante su estancia en Alemania. De nuevo en el pueblo, Sarah eligió la profesión de delineante, comenzó estudios de Arquitectura y trabajaba en un estudio en Alicante cuando el destino decidió dar un giro a su futuro.
«Sarah, qué bueno está esto». «Vamos a quedar en casa de Sarah, que allí seguro que comemos bien». «Deberías montar un restaurante». Sus amigos tenían claro que se manejaba muy bien en la cocina, y la algodonaleña comenzó a ver con buenos ojos eso de cambiar de profesión.

Croquetas de gambón en Alboronía. Foto: Salva Moreno
Hizo las maletas con destino a Madrid, donde residía su hermana. En el Centro Fuenllana de Alcorcón estudió Cocina y Sala, y a partir de ahí se inicia su carrera profesional. Unos comienzos rodeada de cocineros de prestigio como Dani García, en el BiBo de Castellana, Iván Domínguez, estrella Michelin en Alborada y ahora en NaDo, o en Urrechu de Pozuelo de Alarcón. Pero dio un paso al lado para centrarse en la cocina privada, trabajando para la familia de los Alba en el Palacio de Liria y en eventos y celebraciones para las que la contrataban.
Sarah y Mario
Fue en Madrid donde Sarah y Mario Alberto de la Rosa cruzaron sus caminos. El dominicano ejercía de diseñador gráfico en su país, profesión que alternaba como camarero en los hoteles de la isla caribeña. Aunque lo suyo es la música (bailarla, producirla y pincharla), y el fitness. En la capital de España era monitor en un reconocido grupo empresarial. Pero cuando descubrió las habilidades de Sarah en la cocina…
«Yo lo comparo con una partida de Play. Si te gusta el juego, te enganchas. Y cuando yo probé los platos de Sarah, fue algo inolvidable. Ahora nos reímos mucho al recordar la que iba a ser nuestra primera empresa, Espátula Music, espátula por el instrumento de cocina y música por mi profesión».

Los torreznos de Soria. Foto: Salva Moreno
En 2022, la broma tornó en proyecto. Mario viajó por vez primera a Algodonales, y el quisqueyano descubrió un pueblo perfecto para olvidar el estrés de la capital y abrir el deseado restaurante. «Yo veía que este era el sitio para nosotros. Conocía el potencial de Sarah. Para trabajar en los restaurantes donde ella estuvo había que tener cualidades. Y yo tenía claro que podía aportar mucho a la oferta de Algodonales».
Para la apertura hubo que esperar un par de años. En la celebración del 2 de mayo, pusieron un puesto en la plaza con algunos platos de la época de invasión francesa, como manda la tradición del pueblo, y otros originales de Sarah. «Ahí nos dimos a conocer a la gente. Dimos con este local, que estaba cerrado desde la pandemia, y nos gustó. Hicimos algunos cambios para hacerlo más diáfano y el 30 de mayo de 2024 abrimos las puertas».
Abre Alboronía
El nombre no fue difícil de elegir. La alboronía es un plato típico de Algodonales, de la Sierra de Cádiz en general, y en casa de Sarah también se cocinaba regularmente. En el restaurante lo han incorporado en ocasiones, sobre todo en las fiestas del pueblo.
Alboronía está en pleno centro de Algodonales, con la Alameda a un lado y una terraza cercana a la iglesia en una zona peatonal. Una ubicación privilegiada, tranquila y muy adecuada para familias con niños. Entre los clientes se mezclan los locales con los muchos extranjeros que visitan el pueblo, turistas y aficionados a deportes como el ala delta y el parapente, porque la Sierra de Líjar es uno de los referentes de estas actividades a nivel europeo.

Los chips de batata con salsa de queso y pesto. Foto: Salva Moreno
Sarah tenía claro lo que quería hacer en Alboronía: «ya que montaba mi negocio, quería que la gente lo disfrutara, pero yo también, con una oferta fiel a lo que tengo en la cabeza, mis gustos, mi gastronomía. Sabía que no podía hacer platos muy elaborados o técnicos, pero sí que le he querido dar un toque diferente con productos de temporada y de la zona, bases tradicionales, y esos detalles más personales».
Eso había que trasladarlo a quienes iban a ser sus clientes, darles a conocer su cocina: «a algunos les chocó la carta, pero porque había cosas que no sabían ni lo que era. Yo pongo torreznos de Soria, y hay quien creía que eran las cortezas que se venden en bolsa de chucherías. Y claro, tienes que explicarle que es como un chicharrón, y ahora hay hasta niñas pequeñas que me preguntan todas las semanas si tenemos torreznos. Sí, costó, pero porque había que hacer esa labor didáctica. Ha tenido buena aceptación».

Codillo al estilo alemán. Foto: Salva Moreno
La carta de Alboronía no es muy amplia, ni falta que hace. Carnes ibéricas, codillo al estilo alemán que pudimos disfrutar (mucho) en nuestra visita, incluso cochinillo segoviano que Sarah cocina por encargo. En los pescados, trabaja mucho el atún, en verano en tartar o tataki, y en otras estaciones en platos calientes o a la parrilla. Hay que estar atentos a los fuera de carta, lagartito y secreto ibérico y dorada a la parrilla en el lluvioso día que estuvimos en Alboronía.
Pero también hay croquetas, ensaladilla, langostinos crujientes, pimientos del piquillo rellenos de bacalao o chips de batata con queso fundido y salsa pesto, plato que a veces tiene a las alcachofas como ingrediente principal.

Milhojas con crema pastelera. Foto: Salva Moreno
Ensalada de la huerta y tomate aliñado, y platos principales entre los que destacan la lasaña de espinacas, el rulo de cabra al horno, el brioche de costilla, medallones de solomillo a atún a la parrilla, y el pollo al estilo tailandés que tienen ‘prohibido’ quitar si no quieren enfrentarse a una rebelión de sus clientes. Los postres, coulant de chocolate, tarta de la abuela, panacota de chocolate blanco y una maravillosa milhojas de crema pastelera casi líquida.
Comer en Alboronía se adapta a muchos bolsillos. El ticket medio puede rondar los 20-25 euros, pero por menos cantidad también se puede comer bien. Su horario, de miércoles a domingo, desde la 11 de la mañana hasta la noche. El teléfono de contacto, el 856 00 43 24.

