El langostino de Sanlúcar, seña de identidad de la localidad. Foto: Ricardo Jiménez
18-12-24
Los ecos de esa capitalidad aún resuenan en Sanlúcar, y el empujón que supuso ese año mantiene algo de su inercia. Y es que hay mucho que ofrecer, tanto a visitantes como a los propios sanluqueños. Ya se sabe que, en ocasiones, lo más cercano es lo más desconocido o, quizás, lo menos valorado.
¿Qué méritos tiene Sanlúcar para ser nombrada Capital Gastronómica de España? Pues así, a primera vista, una diversidad de productos casi imposible de nombrar por completo. Pero, sobre todo, la calidad de los mismos y el buen trato que se les pueda dar en bares, restaurantes, tascas o mostos, por regla general. Y sitios para comer los hay para todos los gustos y economías.
Si le preguntas a alguien de fuera qué productos conoce de Sanlúcar, es muy probable que la gran mayoría haga referencia a los langostinos. Reconozcamos que es normal. Tienen su marca propia y ha crecido toda una legión de admiradores en torno a él, con los bares y restaurantes de Bajo Guía como principales lugares de peregrinación. El nombre de langostino lleva como apellido ‘de Sanlúcar’. Pero es que, además, está muy bueno y tiene diferencias con el resto de langostinos que lo hacen especial, y eso es lo que importa.
Galeras de Sanlúcar. Foto: Ricardo Jiménez
Esa cola irisada y sus fuertes bigotes lo han convertido en imagen sanluqueña. Fernando Hermoso (Casa Bigote), contribuyó, sin duda, a acrecentar esa fama del langostino instruyendo sobre cómo pelarlos e incluyéndolo en el logo de su reconocido restaurante.
Y si se acompaña de otro de los productos referentes de Sanlúcar de Barrameda, como es la manzanilla, aún mejor. La ubicación geográfica de la ciudad hace que sea allí donde únicamente pueda producirse este vino, con numerosas bodegas, centenarias algunas, entregadas a la crianza de la manzanilla y el resto de variedades de la DO de Jerez.
Sin duda, en la mayoría de las celebraciones más habituales de Navidad no faltan esos langostinos, siendo también habitual la presencia de la sopa de galeras, en unas fechas en las que las temperaturas animan a tomar algo caliente. La galera, marisco prácticamente de deshecho años atrás, se ha convertido en uno de los mariscos más valorados en Sanlúcar. A pesar de su aspecto, no demasiado estético, poco a poco ha ido introduciéndose en las cartas de los bares y restaurantes.
Sopa de galeras. Foto: Salva Moreno
Como decimos, las sopas de galera abundan en estas fechas en los hogares sanluqueños. Lo que en principio era una comida para los pescadores en sus jornadas de trabajo, ha llegado a ser todo un manjar en la actualidad. Hay quien las prepara en blanco, pero también con la presencia de tomate, que le aporta ese color rojizo. Pero, como en todo, en este caso cada maestrillo también tiene su librillo.
Los guisos marineros han sido, siguen siendo, seña de identidad sanluqueña, así que a buen seguro que en muchas mesas de Nochebuena o Nochevieja tienen asegurada su presencia. Tal es la variedad y su importancia, que un sanluqueño como Fran Senra decidió volver a sus orígenes, abandonar su carrera profesional y meter en conserva esos guisos, muy recomendables para probar si no tiene ocasión de visitar la ciudad, ya que puede pedirlos a través de su tienda online.
La manzanilla, producto clave en Sanlúcar. Foto: Salva Moreno
Un buen lugar para conocer la riqueza gastronómica de una localidad es su Mercado de Abastos. Y el de Sanlúcar tiene mucha historia. Con entradas por la calle Trascuesta y Bretones, data del siglo XVIII, y ha sufrido varias modificaciones, la última en 2018. En las pescaderías, además de langostinos y galeras, cuando es temporada, abundan los muchos productos que la flota sanluqueña aporta a la gastronomía de la ciudad.
Como también lo hacen las fruterías. El sector de la pesca es muy importante en la actividad económica de Sanlúcar de Barrameda, pero la agricultura también tiene un peso destacado. La desembocadura del caudaloso río Guadalquivir, aporta a sus tierras ciertas peculiaridades con respecto a otras zonas de cultivo, gracias a la salinidad que le confiere la cercanía del mar. En localidades cercanas, es habitual ver cómo la patata de Sanlúcar ocupa un lugar destacado en los puntos de venta, pero hay muchas más verduras y hortalizas que hacen del campo sanluqueño todo un tesoro por mantener.
Guisantes de lágrima de navazo. Foto: Salva Moreno
Mención aparte merece el navazo, que Rafa Monge y su Cultivo Desterrado recuperaron hace ya unos años. Según la Real Academia, el navazo es un huerto que se forma en los arenales inmediatos a la playa. Parece ser que fueron los árabes los que se dieron cuenta de que la cercanía del Atlántico y la desembocadura del río, y con la subida y bajada de la marea, tenía una implicación en el nivel freático que hacía que el campo se regara de manera natural cada doce horas. Sin intervención del hombre.
En resumidas cuentas, había que cultivar cerca del nivel freático, y para conectar con él, se creó el tollo, un agujero en el mismo cultivo donde, con suerte, se daba con un acuífero, y de ahí se regaban los inicios de la planta cuando se sembraba, hasta que ya tenía un mejor desarrollo de raíces y podía ella misma regarse cada doce horas. El resultado, unas verduras distintas, que han tenido gran presencia en la carta de muchos restaurantes.
Pero estando en Navidad, cómo no hablar de la tradición de los dulces navideños. En este terreno, dos nombres destacan sobre el resto, y no son otros que Casa Guerrero y La Rondeña. La primera de ellas, nació en 1947. Conocida también por Bollería La Merced, tuvo en las tortas, las bizcochadas y las magdalenas sus primeros productos destacados. Inmaculada Nieto Guerrero es quien dirige actualmente los destinos de Casa Guerrero, y sigue trabajando «con los mismos secretos y procedimientos, sin olvidar el objetivo que nuestros abuelos nos inculcaron: ofrecer el mejor producto a nuestros clientes», como indican en su web.
Entre su oferta destacan las tortas de aceite de oliva y las de polvorón, los cortadillos de cidra, los bollos sanluqueños, las tradicionales alpisteras o productos de confitería como las palmeras, los cortadillos de hoja o sus reconocidos pestiños, muy demandados en época navideña. Entre los pasteles, el tocino de cielo, los bollos de leche, las napolitanas o las carmelas de crema pastelera.
Interior de una de las tiendas de La Rondeña. Foto: Salva Moreno
La Rondeña tampoco de queda atrás en cuanto a historia y tradición. El nombre le llega de la ciudad de nacimiento de su fundador, Juan Jiménez, que llegó a Sanlúcar a principios de los 60 del pasado siglo. Pastelería artesanal, bollería tradicional andaluza, bombones, polvorones y mantecados, forman parte de su oferta, aunque su producto más conocido es la Masa Real, receta que fue creada por su fundador. Se trata de un pastelito relleno de cabello de ángel.
La gastronomía y los productos sanluqueños darían para mucho más, pero sirvan estas líneas como aproximación a todo lo que puede disfrutarse en esta maravillosa ciudad. A usted sólo le queda dejarse llevar por sus barrios, visitar sus tascas tradicionales, sus bares más modernos y los restaurantes más gastronómicos para conocerlos de primera mano. Siempre le quedarán motivos para regresar a Sanlúcar de Barrameda.
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