Los socios de La Brasa. De izquierda a derecha, Raquel Rodríguez, Víctor Rodríguez y Martina Giambanco. Foto: Salva Moreno
04-05-26
Pues no. En La Brasa no hay ningún inglés. Al local donde estaba La Barra de Rosario han vuelto a darle vida una italiana de Palermo, un burgalés y una ‘iruindar’, de Pamplona, claro está. Así comenzaban los chistes de antaño, pero en este local se toman las cosas muy en serio. Eso sí, siempre con una sonrisa en la cara, porque hacer las cosas bien no está reñido, afortunadamente, con la diversión. Por si faltaban acentos e influencias, en la cocina cuentan como jefe con Portu, portugués, y el vitoriano Maki de segundo, ambos con sólida experiencia en negocios del entorno.
Los tres socios han crecido rodeados de hostelería. Víctor Rodríguez, el de Burgos, se forjó junto a su madre en diversos negocios que le llevaron a Lanzarote, y ya en la Península, desembarcó por casualidad en Chiclana durante la pandemia. Trabajó en un chiringuito donde fue ascendiendo poco a poco, y allí conoció a su ahora socia italiana, Martina Giambanco, a la sazón pareja de la pamplonesa Raquel Rodríguez, con la que se cierra ‘la comunidad’ de La Brasa.
Los tomates. Foto: Salva Moreno
Víctor cambió La Barrosa por El Palmar (Nómada Playa), y se llevó a Martina como encargada. «El local de La Brasa me llegó por medio de un amigo. Lo vi y me gustó. Pero quería contar con alguien que llevara el negocio de manera correcta, y como conozco a Martina y Raquel y sé cómo trabajan, les propuse asociarnos para que ellas fueran las caras visibles del proyecto, que yo sigo en El Palmar. Y aquí seguimos desde que abrimos el 5 de octubre de 2025».
Martina es hija de hosteleros, y su padre tenía un bar en Italia. Cuando llegó aquí, coincidió con Víctor y siguió creciendo profesionalmente: «Pero me cansé del chiringuito, quería cambiar de ambiente y por eso me fui con él a El Palmar».
Alcachofa de Tudela. Foto: Salva Moreno
La familia de la navarra Raquel tenía un bar en Pamplona, y allí trabajó siempre ella. «Pero Conil me enamoró, así que vendí todo para venir aquí. Monté un tablao flamenco en la calle Conil, el último que quedaba. Y luego pasé cuatro años en un negocio del centro, muy familiar, que me hicieron sentir en casa. Cuando Víctor nos propuso esto, había poco que pensar».
Formada la sociedad, quedaba por decidir la oferta gastronómica. Con el nombre de La Brasa, quedan pocas dudas de la elección final. «Aquí hay gente con negocios familiares de muchos años. Nosotros, cinco de fuera, cada uno de un lado. Y decidimos apostar por algo que no abunda», recuerda Raquel.
El croissant de atún de Martina. Foto: Salva Moreno
Añade Víctor que tenían tres puntos irrenunciables en común: «Utilizar la brasa que había para que oliera a carbón y se sintiera esa parrilla; el producto, que tiene que ser de primera calidad, y mucho cariño, tanto en cocina como en la sala. Ese era el hilo conductor para que naciera La Brasa». «Es que tenemos dos profesionales que aman la cocina. Tienen una trayectoria muy bonita y se vuelcan con lo que hacen», apuntilla de nuevo la pamplonesa.
La paletilla de cordero. Foto: Cedida
No han escatimado en proveedores para ofrecer lo mejor. Carnes de Discarlux y Alcázar; pan de La Cremita; atún de Gadira; verduras de la huerta de Conil, los vinos de Vinum Gades… En su carta, aportan un toque personal en algunos platos, como la paletilla de cordero lechal a baja temperatura que propuso Víctor, o la bruschetta de caponata siciliana con la receta de la nonna (abuela) de Martina. De Navarra, las alcachofas de Tudela conservadas en un orujo de oliva con el que luego elaboran una tierra que sirven en el plato, lascas de pecorino de Palermo y virutas de jamón ibérico. Una alianza de influencias más que recomendable.
No es una carta excesivamente amplia, pero suficiente para varias visitas. Cinco apartados que comienzan con los platos fríos: salmorejo con lascas de mojama y aceituna negra deshidratada; tabla de quesos de la sierra; tomate de Conil con sal de las Salinas de Chiclana; carpaccio de wagyu con AOVE arbequina, rúcula y almendra Marcona tostada, o la ensaladilla La Brasa, con el escabeche casero de ventresca de atún.
Sala principal de La Brasa. Foto: Salva Moreno
De platos calientes, destacan las croquetas a sugerencia de los chefs, el brioche de carrillada, los tacos de cochinita pibil o los mejillones thai, mientras que del atún rojo de almadraba proponen el lingote de ventresca y mousse de tuétano, el croissant de Martina, el tartar de descargamento con un ligero aliño y yema curada, el tarantelo a la brasa con verduritas glaseadas y el tiradito nikkei de tarantelo, ají amarillo y pico de gallo.
Lomo bajo de simmental. Foto: Salva Moreno
Pero el punto fuerte es la brasa, de la que se ocupa Maki. Hay platos sugeridos por Portu, caso de la suprema de bacalao, tan portugués. En esta sección hay pescados como el pulpo crujiente, la presa ibérica, la paletilla de cordero y la alcachofa (Raquel presume de alcachofas de Tudela, aparece en negrita). El plato premium, tataki de wagyu; y una de las carnes estrella hasta el momento, el lomo bajo de simmental con 45 días de maduración.
El arroz con leche de La Brasa. Foto: Salva Moreno
Conviene dejar espacio para el postre. Bien para la torrija con pan brioche y helado casero, el coulán de chocolate, la tarta de queso con confitura de frutos rojos y crumble de vainilla, o el arroz con leche brûlée.
Apuntan alto en La Brasa. Tienen todos los recursos necesarios. Un local amplio, una cocina vista con múltiples posibilidades, cocineros experimentados y dos de sus propietarias en el servicio de sala, apasionadas de su profesión y convencidas de su propuesta. Para reservas, pueden llamar al número de teléfono 633 134 527.
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