Santi Moreno, cuarta generación de la Confitería Juan Moreno, con una bandeja de torpedos. Foto: Salva Moreno
30-10-24
Exterior de la Confitería Juan Moreno, en Villamartín. Foto: Salva Moreno
Pero no nos adelantemos y comencemos por el principio. Como hemos adelantado, la Confitería Juan Moreno nació en 1890, aunque no fue hasta 1927 cuando dio el paso para ser más artesanal. Cuenta Santi que, en aquellos años, numerosas compañías de teatro acudían a los pueblos para entretener a sus habitantes, y una de ellas recaló en Villamartín. El novio de una de las actrices era pastelero en Madrid, y en una de sus visitas se ofreció al bisabuelo de Santi para enseñarle a hacer dulces de obrador. Y también la crema pastelera. Hay que estarle agradecido al madrileño…
Interior de la confitería. Foto: Salva Moreno
«Fue cuando nació el rosco blanco, que es el buque insignia de nuestra confitería», aclara Santi. «Es el típico dulce que la gente se llevaba cuando iba a ver a alguien al hospital, por ejemplo. La segunda generación ya elaboraba dulces más finos, que no tenían nada que ver con los que se habían elaborado hasta entonces».
Con la tercera generación, llegó otro de esos dulces que se han convertido en clásicos de Confitería Juan Moreno. Y todo surgió de un bulo, de una fake news, como se dice ahora. «Los americanos anunciaron, unos diez o quince años antes de ir a la luna, que iban a enviar un cohete, pero en Villamartín se propagó un bulo y decían que iba a ser un torpedo. Mi padre y mi tío aprovecharon eso y crearon un dulce con ese nombre, consistente en un bollo alargado de bollería, relleno de nuestra crema pastelera y envuelto en nuestro papel». Marketing puro y duro de la época que resultó ser un verdadero pelotazo.
Santi Moreno, con la tarta del V Centenario. Foto: Salva Moreno
Y es que la crema pastelera de Confitería Juan Moreno marca la diferencia, en opinión de Santi. «El hojaldre también gusta mucho, pero con la crema hacemos muchos dulces. Aquí verás piezas parecidas a las que hay en otras pastelerías, pero la crema es diferente. Quien la prueba, termina enamorado de ella».
Tanto, que Santi decidió que el torpedo viajara, en principio a Fuerteventura, donde él estuvo con su mujer, Macarena, de vacaciones. Pero se le fue de las manos… «Decidimos no hacernos fotos de nosotros para subir a redes sociales. Pero yo le dije que me iba a llevar unos torpedos vacíos para que duraran tiempo, porque íbamos a estar 15 días fuera, y unos papeles para cambiarlos cuando se fueran estropeando. Y decidí hacerme fotos con los torpedos en sitios conocidos de la isla. A la gente, eso le gustó, y ya empezaron a hablar de los torpedos viajeros», explica Santi.
El famoso torpedo de la confitería de Villamartín. Foto: Salva Moreno
A sus paisanos eso les gustó, y desde entonces, cada vez que viajaban, se llevaban algún torpedo para hacer su correspondiente fotografía. Madrid, Alemania, Valencia, Málaga, San Sebastián… la última que aparece en su perfil de Instagram, es en Tailandia. Pero, más allá de la anécdota del torpedo viajero, es un dulce que merece la pena probar. Y si no son capaces de parar, les entenderemos.
Santi, con el torpedo en el Benito Villamarín, estadio del Betis. Foto: Cedida
En 2003, Villamartín cumplió 500 años desde su fundación, y el Ayuntamiento pidió a los comerciantes que, cada uno en su terreno, hiciera algo para conmemorarlo. La Confitería Juan Moreno creó cinco tartas, pero hubo una, de tocino de cielo, que fue la que más gustó. Y esa sigue aún elaborándose con el nombre, no podía ser otro, del V Centenario.
Entrar en la Confitería de Juan Moreno es hacerlo en una pastelería en la que se respira la tradición y la artesanía. Tiene ese aire de negocio con solera, de muchos años (como es el caso), pero con una calidad indiscutible. En un tiempo en el que todo parece tan artificial, resulta todo un alivio entrar en el obrador, donde Santi trabaja, y comprobar cómo elabora día tras día sus productos de la manera más artesanal. Allí sí que no hay ni fake news ni bulos que valgan.
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